Hay un momento muy concreto en el que esta guía importa: una máquina vieja no arranca, los ficheros solo existen en su disco, y el único ordenador que funciona en casa es un Mac. Buena noticia — para los montajes Linux más comunes, con el Mac basta.
Saca el disco y ponlo en una carcasa o dock USB (las carcasas SATA de 2,5" cuestan ~15 €; los discos de 3,5" necesitan dock con alimentación; NVMe necesita carcasa NVMe). Conéctalo e ignora el aviso de macOS de "disco no legible" — es lo esperado; no inicialices nada.
Un disco Linux típico tiene una partición de arranque pequeña (FAT — macOS la lee, no hay nada útil dentro) y una partición grande de sistema o home. Lo que contenga esa partición grande lo decide todo:
El detector de Omnimount te dice en qué caso estás nada más conectar el disco.
Para el caso ext4: monta en solo lectura (estás rescatando, no editando), abre el
volumen en el Finder y copia lo que importe. Los directorios personales viven en
/home/tunombre. Como el montaje corre con privilegios verás los ficheros de
todos los usuarios, con independencia de sus permisos de Linux.
Clics, desconexiones, ficheros que se atascan al 90%: deja de copiar fichero a fichero. Clona el disco entero a una imagen primero — una pasada secuencial es lo más suave que puedes hacerle a un disco moribundo — y rescata después desde la imagen. Si el journal quedó sucio (la máquina murió escribiendo), pasa una comprobación antes de fiarte de lo que copies.
Olvídate del terminal. Omnimount monta, comprueba y clona discos ext4 y NTFS desde la barra de menú — sin extensiones del kernel, sin Recovery, sin contraseñas. Detecta los discos de NAS con cuotas y los arregla con un clic.
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